Ayer Bob Dylan tocaba en Villalba, en ocasión del festival Via Jazz y hasta allá nos fuimos dispuestos a ver a ese poeta para algunos, bestia del rock para otros. El error es que no estaba preparado: al no haber seguido la carrera de Dylan de los últimos tiempos ni haber ido nunca a ninguno de sus conciertos, lo que esperaba era el Bob Dylan de los 70, y lo que me encontré es que no conocía las canciones nuevas y las antiguas estaban tan sumamente reinterpretadas que ni siquiera las distinguía (eso, y que las letras tampoco se podían distinguir debido a la cascada voz que gasta ya a estas alturas el rockero). Menos mal que con el bis nos regaló un “Like a rolling stone” distinguible:
Encima el escenario estaba tan bajo que, a no ser que estuvieras en primera fila, no se le veía ni la punta del sombrero (aunque tampoco importaba mucho porque, según me han dicho, sólo una vez miró al público
). Si eras un fan, a lo mejor fue un concierto estupendo, pero para mí que era un simple aficionado a sus obras más clásicas, fue una decepción
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