A pocos kilómetros de Nagoya, hay una ciudad que en algún momento se llamó Koromo, y en la que un señor conocido como Tiichiro Toyoda (sí, Toyoda, no me he equivocado en el nombre
) decidió convertir el negocio de telares automáticos de la familia en una fábrica de coches (esta vez sí, Toyota, nombre de sonido más armónico y que además se escribe en 8 trazos de katakana, número que simboliza la prosperidad
). No pasó mucho tiempo hasta que el éxito de la empresa hizo que cambiaran el nombre de la ciudad al actual. Hoy día es la sede de la segunda mayor empresa de automóviles del mundo, aunque hay dudas sobre si no será pronto la primera, dados los malos tiempos que está pasando General Motors.
Pero lo primero es lo primero: para llegar allí había que recorrer 300km, y que mejor manera que con el Shinkansen, el tren bala japonés, en poco menos de 1 hora y media. Arriba la foto del momento de la partida
Una vez llegamos estuvimos visitando una de las muchas fábricas que hay en la ciudad, aquella en la que hacen el famoso Prius y algunos modelos más (todos en la misma cadena de producción y fabricados bajo demanda siguiendo la filosofía JIT). Aquí por razones obvias no nos dejaron tomar fotos, pero os podeis imaginar lo chulo que está el proceso, con cientos de robots trabajando al unísono (¡incluso los que transportaban las piezas eran robots!). Este centro fabrica unos 1900 coches al día, y pudimos verlo todo, desde el prensado de la chapa y el ensamblaje de los accesorios, hasta las pruebas del coche definitivo. Alucinante
Después llegó la hora de visitar el museo: probar a encajarse en un coche de fórmula 1, ver algunos robots músicos, y echar un vistazo a los nuevos “concept car”, tipo un híbrido con “fuell cell” o el del vídeo que tomé. Este coche/moto es el iSwing, que se controla tanto con un joystick como con el cuerpo del usuario, es capaz de reconocer biometricamente a su conductor, puede cambiar de color a voluntad…
A mí me gustó mucho también el “andador” de la foto de arriba, pariente lejano de los AT-ST de la trilogía, pero desgraciadamente no había demostración
. La tarde la cerramos con una hora de preguntas y respuestas a algunos relaciones públicas de Toyota, en la que los ingenieros mecánicos del grupo de Vulcanus disfrutaron más que un servidor. Yo solamente hice una pregunta: “¿necesita Toyota ingenieros que puedan hablar algo de japonés para sus centros de R&D de Europa?”. La respuesta fue simple, contundente y bastante desmoralizadora: “¿para qué? si con el inglés vale…”. Haremos como si no lo hubieramos oído…
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