
El viernes pasado, en vez de pasarnos 8 horas delante de un ordenador en el curro, me bajé con Csaba (Vulcanus húngaro que trabaja conmigo en NTT) a Tokyo a atender la Virtual Reality Expo and Conference 2007.

Era la típica feria: compañías (tanto japonesas como extranjeras) enseñando sus productos de Realidad Virtual al mercado Asiático. En la mayoría de los casos (excepto alguna demostración de Nvidia o algún simulador de vuelo militar) a muchos productos les faltaba eye-candy. Sí, ya se que para una aplicación industrial no hace falta que se vea bonito, pero es que los videojuegos nos han maleducado en este área.

Puedimos sin embargo probar varios sistemas de VR de los de casco (nunca antes lo había podido hacer bien, porque era miope perdido y los fabricantes no piensan en la gente con gafas a la hora de diseñar estos trastos) y ver en directo alguna cosa que me llamó mucho la atención, como las impresoras 3D. Como podéis ver en las fotos, las hay tanto aditivas (a base de apilar capas de un material de colores) o substractivas (modelando a partir de arcilla o ¡incluso de poliestireno!), y tienen una resolución impresionante.

Pero el plato fuerte del día era ver en vivo el monitor que diseña y vende la empresa húngara Holografika, del que ya me quedé fascinado una vez hace tiempo cuando lo ví en la revista Spectrum. Este monitor es capaz de mostrar imágenes 3D “de verdad” sin necesidad de gafas o artilugios externos, y he de reconocer que se ve muy bien (con un ángulo de visión limitado a unos 50 grados y una profundidad de alrededor de un metro). Me decepcionó un poco lo que no muestran al público común (nosotros pudimos pasar tras el telón): que detrás del monitor va una caja con un sistema de proyectores de unos 3 metros de largo, y que hacen uso de 16 PCs con 2 tarjetas gráficas cada uno para renderizar la imagen. Ah, y el precio: alrededor de los 300.000 euros
Lockeblog



